El espacio consciente para volver a ti
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Cosas de la vida
He estado unos días sin poder escribir.
No porque no tuviera nada que decir, sino porque mi cabeza y mi corazón estaban en otro lugar.
Mi mamá, ya anciana, se puso mala. Y por eso, me perdonareis pero, todo lo demás pierde importancia.
En mi situación, además, la preocupación venía acompañada de algo más difícil de llevar: la distancia.
Quién me conoce sabe que yo vivo en España y mi familia, mi mamá, está lejos.
Fue mi elección, tomada hace años, con ilusión, con necesidad de construir mi propio camino.
Nunca me he arrepentido de mi decisión. Pero hay momentos en los que esa misma decisión se vive como una punzada en el corazón.
Porque emigrar también es esto.
No solo oportunidades y aprendizajes, sino llamadas que llegan desde otro país, noticias que te alcanzan a través de una pantalla, y la sensación de querer estar donde no estás.
De cuidar sin poder tocar.
De acompañar desde lejos.
Y eso duele, incluso cuando sabes que tu vida está donde la construiste.
Las etapas de la vida no avisan, simplemente llegan.
Un día eres hija sin demasiadas preocupaciones; otro día empiezas a mirar a tus padres con otros ojos, más atentos, y te haces consciente de su fragilidad.
Y si además estás lejos, esa etapa se vive con una mezcla de culpa, frustración y amor profundo que no siempre sabes como gestionar.
Nos dicen que crecer es avanzar, elegir, moverse.
Pero nadie nos explica lo suficiente de lo que pasa cuando esas elecciones se cruzan con la vejez de quienes amamos.
Cuando entiendes que no puedes estar en dos sitios a la vez y tienes que lidiar con la idea de que tu vida implica también aceptar esa ausencia física.
Quizás por fin haya aprendido que hay momentos en los que simplemente hay que sostener lo que se siente, sin respuestas claras, tomarse el tiempo.
Que está bien sentirse frustrada, triste o dividida.
Y que no estamos solos en esto, aunque a veces lo parezca.
Escribo esto y pienso también en aquellas personas que quizas me lean y viven algo parecido.
Para quien está lejos de casa, y mucho más lejos que yo.
Para quien cuida a distancia.
Para quien algún día se encontrará en esta misma encrucijada.
No hay una forma correcta de vivirlo, solo la más honesta consigo mismo posible.
Hoy vuelvo más tranquila, mi mamá gracias a Dios, esta vez, mejoró.
Mi corazón un poco más liviano pero más consciente.
Estas también son cosas de la vida.
Y aunque duela quería compartirla.
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Te entiendo perfectamente porque vive esa situación y no puede estar con mis padres cuando se enfermaron , gracias a Dios estuvieron mis hermanas pero eso no lo hizo más fácil para mi, desde el pto de vista emocional. Y fue muy duro. Pero la vida es así y nos pone pruebas que debemos enfrentar en nuestro camino. Tomar decisiones que no siempre son fáciles.
ResponderEliminarAsí es corazón, sentirse divididas, no poder estar presentes físicamente pero si con el alma. Un abrazo grande
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